El
ballet clásico o
danza clásica
es una forma de danza cuyos movimientos se basan en el control total y
absoluto del cuerpo, el cual se debe enseñar desde temprana edad. Se
recomienda iniciar los estudios de esta danza clásica a los seis o siete
años, ya que el ballet es una disciplina que requiere concentración y
capacidad para el esfuerzo como actitud y forma de vida. A diferencia de
otras danzas, en el ballet cada paso está codificado. Participan
invariablemente las manos, brazos, tronco, cabeza, pies, rodillas, todo
el cuerpo en una conjunción simultánea de dinámica muscular y mental que
debe expresarse en total armonía de movimientos.
También se utiliza el término
ballet para designar una pieza
musical compuesta, a propósito, para ser interpretada por medio de la
danza. El ballet es una de las ARTES ESCENICAS.
HISTORIA DEL BALLET:
ballet se originó a finales del siglo XV, a partir de los números de
danza que se representaban en los festines de las cortes italianas.
Estos elaborados espectáculos que desprendían pintura, poesía, música y
danza, tenían lugar en grandes salas que se utilizaban tanto para
banquetes como para bailes. Su contenido era normalmente
alegórico-mitológico.
Los ballets cortesanos italianos fueron ampliamente desarrollados en
Francia. El Ballet cómico de la Reina, el primer ballet del que
sobrevive una partitura completa, se estrenó en París en 1581. Fue
creado por Beaujoyeux y bailado por aristócratas aficionados en un salón
con la familia real sobre un estrado al fondo y los espectadores en las
galerías de los otros tres lados del salón. Ello determinó el carácter
de los futuros ballets cortesanos, que cristalizaron en el siglo XVII en
las diferentes cortes europeas con sus presuntuosos vestuarios,
decoración, fuentes artificiales, luminotecnia, etc.
El ballet de corte alcanzó su cumbre durante el reinado de Luis XIV
(1643-1715), cuyo nominativo de “Rey Sol” derivó de un papel que ejecutó
en un ballet. Muchos de los ballets presentados en su corte fueron
creados por el compositor italiano francés Jean Baptiste Lully y el
coreógrafo francés Pierre Beauchamps, a quien se atribuye la
determinación de las cinco posiciones básicas de colocación.
En 1661, Luis XIV fundó la “Academia Real de la Danza” para maestros .
La danza empezaba a configurarse como una disciplina profesional.
En un primer momento solo los hombres podían participar, y los
papeles femeninos los realizaban estos mismos disfrazados. Las primeras
bailarinas aparecieron en 1681 en un ballet llamado “El triunfo del
amor”.
La técnica de la danza en este periodo, recogida por Raoul Feuillet
en su libro “Coreografía”, incluía pasos y posiciones todavía
identificables. Se desarrolló una nueva forma teatral: la ópera ballet,
que abarcaba el canto y la danza en una serie de danzas unidas por un
tema común.
Los bailarines del siglo XVIII se veían entorpecidos por los trajes, zapatos, pelucas y miriñaques.
Fue Marie Anne Camargo quien acortó las faldas y empezó a usar
zapatillas sin tacón, para exhibir sus pasos y saltos. Su rival, María
Sallé desechó el corsé y se colocó túnicas griegas para bailar
“Pigmalión”.
A pesar del virtuosismo de los bailarines franceses, los coreógrafos
que trabajaban fuera de París consiguieron una expresión más dinámica
en sus ballets. Fue John Weaver quien eliminó las palabras e intentó
transmitir sentido dramático por medio de la danza y el gesto. En Viena
se dio a conocer la pantomima.
En este sentido hay que destacar la figura de Jean Georges Noverre,
cuyas Cartas sobre la danza y los ballets (1760) ejercieron una notable
influencia. Para él, los movimientos debían fluir naturales y armónicos.
Noverre encontró una oportunidad para plasmar sus ideas en Stuttgart,
Alemania, donde produjo por primera vez “Medea y Jasón”.
Jean Dauberval, alumno del anterior, en su ballet “La fille mal
gardée” (La muchacha mal custodiada, 1789) aplicó los principios de su
maestro.
La danza en puntas empezó a desarrollarse, aunque los bailarines se
ponían de punta sólo unos instantes, ya que aún no se habían inventado
las zapatillas de punta dura.
El ballet "Las Sílfides", cuya primera representación tuvo lugar en
París, inauguró el período del ballet romántico. María Taglioni,
solista, interpretaba una criatura sobrenatural que es amada y
destrozada de forma involuntaria por un mortal. Las sílfides inspiraron
muchos cambios en los ballets de la época.
También debemos mencionar “Giselle” (1841), con música de Adam y coreografía de Jean Coralli.
El ballet romántico, sin embargo, no se inspiró exclusivamente en temas sobre seres de otro mundo.
Las mujeres dominaban (y aún lo siguen haciendo) en el ballet romántico.
Entre el ballet que vivía un proceso expansivo en Europa y la
escuela bolera (danza académica española) surgió un importante vínculo.
Los temas españoles comenzaron a estar de moda en los repertorios de los
ballets. El gran Marius Petipa cristalizó la esencia española dentro
del ballet clásico, produciendo entre 1847 y 1888 junto a Ivanov una
serie de ballets y fragmentos de aire y estilo españoles que son verdad.